Durante 9 años, una sonda espacial recorrió más de 4.800 millones de kilómetros para llegar a Plutón.
Durante 9 años, una sonda espacial recorrió más de 4.800 millones de kilómetros para llegar a Plutón.
Cuando finalmente se aproximó, no podía recibir instrucciones desde la Tierra: la comunicación tardaba horas. Cada movimiento, cada imagen y cada medición debían ejecutarse de forma automática. Si algo salía mal, no habría corrección posible.
Y algo salió mal. Días antes del sobrevuelo, la nave entró en modo seguro por una anomalía interna. Durante un breve margen de tiempo, ingenieros tuvieron que recuperar el control, restaurar los sistemas y volver a cargar la secuencia completa de observación. No existía un plan alternativo. La nave solo pasaría una vez, a más de 50.000 km/h, por un punto del espacio extremadamente preciso.
Cuando ese momento llegó, Plutón dejó de ser un punto borroso. Aparecieron montañas enormes formadas por hielo, probablemente de agua congelada, elevándose varios kilómetros sobre la superficie. Un paisaje inesperado en un mundo que durante décadas se creyó geológicamente inactivo.
La misión, sin embargo, no terminó allí. Desde esa distancia extrema, la nave comenzó a enviar los datos a una velocidad mínima, de apenas kilobits por segundo. Transmitir más de 50 gigabits de información llevó alrededor de 15 meses. Cada imagen que vemos hoy fue recibida lentamente, como un mensaje débil proveniente del borde del Sistema Solar.
Créditos:
Misión y datos: NASA / JHUAPL / SwRI – New Horizons
Con información de: La ciencia dice








