Los impacientes están destinados a no ser ricos

“El 96% de la riqueza de Warren Buffett la acumuló después de cumplir 65 años. El ahorro, la paciencia y el interés compuesto son la fórmula del éxito”, publicó en sus redes sociales, Edgar Arenas, economista, catedrático y autor de libro “Invirtiendo y entendiendo”.

En cuanto lo leí, lo contacté porque saben, queridos lectores de +Dinero, debo confesarles que me quedó el saco…si algo tiene el buen Warren que no tengo yo (además de sus millones ja, ja, ja) es justamente el gen de la paciencia. Porque creo que es genético o algo de su generación. Quizá a ustedes también les pasa, pero eso de esperar mucho, ¡no gracias!        

Necesitaba que un especialista me ayudara a despojarme de las pesadas cadenas de la ansiedad, para abrazar la idea de invertir a largo plazo y llegar a viejita con algunos millones en mi cuenta bancaria, así como la aplicó el Oráculo de Omaha.

De veras que quería cambiar esa mentalidad y ¿qué creen? Se me cumplió y es justo lo que quiero compartirles hoy. No se pierdan todo lo que tengo que contarles aquí porque puede cambiar sus vidas, los invito a quedarse hasta el final.

El primer punto es tener muy claro que casi nadie se hace rico de solo trabajar y aún cuando trabajes de sol a sol, tu patrimonio difícilmente llegará a ser como el de los millonarios que vemos en la tele. La clave está en invertir.

Mientras más trabaja tu dinero, menos trabajas tú.

“En materia de generación de rendimientos lo que la matemática nos permite ver es que la capitalización diaria más el capital invertido genera una masa crítica. Albert Einstein lo comprendió muy bien y así lo expresó: quien entiende el interés compuesto está destinado a hacerse millonario; quien no lo entiende, está condenado a pagarlo”, señala Edgar Arenas.

Desde su perspectiva, el mercado de valores conlleva un valor agregado que únicamente es perceptible en el largo plazo. El interés compuesto permite que tu capital inicial aumente con los mismos intereses que genera, ese incremento es exponencial en cada periodo y así se obtiene un beneficio mayor al paso del tiempo. En resumen, son ganancias de tus ganancias. Y aquí la paciencia es la clave. 

¡Yo también quiero ser una abuelita viajera a mis 70!

Hasta ahí vamos bien, ¿correcto?

Sigamos.

Cuando sales de vacaciones a la Riviera Maya o a esos destinos turísticos llenos de extranjeros en sus años dorados, ¿no te preguntas cómo le hacen para pasarla tan chévere pidiendo margaritas y gozando de su segundo mes de hospedaje si ya no perciben un sueldo?, ¿acaso todos se ganaron la lotería?

Edgar me despejó esa duda existencial: a diferencia de lo que pasa en México, ellos llevan gran parte de su vida invirtiendo. Luego añadió una frase que me inspiró: “Me parece que quien entiende la economía entiende la vida”. ¡Aiñ! Yo todavía estoy en eso, Edgar, pero echándole ganas.

Bien, ahora dos aclaraciones más antes de continuar:

Desafortunadamente en el planeta solo hay un Warren Buffett y un Jeff Bezos, no obstante, la generación de riqueza a través de las inversiones y el interés compuesto están ahí, al alcance de muchos, solo hay que atreverse a dar el primer paso. Y entre más joven te animes, mejor.

Nada bueno en la vida sucede en periodos cortos y si te dicen que invirtiendo aquí o allá triplicarás tus ganancias, mejor aléjate porque estás en terrenos peligrosos.

La diferencia entre riesgo y volatilidad

“Para que te puedas diversificar de forma eficiente necesitas asumir ciertos niveles de riesgo que tienen que estar muy medidos de acuerdo a tus particularidades, la principal característica que te permite asumir más riesgo es el plazo”, explica el especialista en inversiones.

Además, nos sugiere tener bien clara la diferencia entre riesgo y volatilidad. Veamos:

RIESGO. La única manera de diluir el riesgo es diversificándote: ten tus canicas en varias bolsas. Mientras más concentrado esté tu patrimonio en un activo de inversión, tu nivel de riesgo aumentará; cuanto más lo diversifiques, el riesgo se disolverá.

VOLATILIDAD. Es el cambio en el valor de un activo en un periodo determinado. La realidad aquí es que todo cambia de valor, desde que empezaste a leer este artículo hasta este momento, el precio de una acción, de un bono, de un bien raíz, de un metal, una pintura, todo sufrió una variación.

“La única manera de diluir la volatilidad es con tiempo, con plazo. Mientras más plazo le des a tu inversión, tu volatilidad disminuirá muchísimo porque todos los mercados en el largo plazo regresan, sin importar si hablamos de la crisis hipotecaria subprime o de la crisis de salud pública más grande en la historia de la humanidad: el plazo es indispensable para tener rendimientos atractivos”, explica Edgar Arenas.

La regla del 72

Y llegamos a uno de los aspectos que más me interesa que te lleves en mente hoy. ¡Sigue leyendo, por favor!

En una sociedad en la que vivimos acelerados, una gran forma de mitigar la impaciencia es saber como para cuándo nuestra inversión se podría duplicar, ¿cierto?

Para ello, el autor del libro “Invirtiendo y entendiendo” nos aconseja usar la regla del 72.

Toma ese 72 y divídelo entre la tasa de interés que te esté pagando tu inversión. Pongamos como ejemplo un 4%, el rendimiento aproximado que dan los pagarés bancarios: 72/4 = 18.

Este número te dice el tiempo en el que tu inversión se habría duplicado, o sea, en 18 años.

¡Paciencia, vieja amiga…nos encontramos de nuevo!

Entendamos esto con el ejercicio de un portafolio de inversión

Para adentrarnos todavía más en esto que creo que ya te está gustando también, veamos cómo funcionaría el cálculo con base en los rendimientos de un portafolio de inversión hipotético compuesto de la siguiente forma: 70% inversión en Cetes, 20% en la Bolsa Mexicana de Valores a través del Índice de Precios y Cotizaciones (IPC), un fondo de inversión o un NAFTRAC, y 10% en un fondo de inversión dolarizado.

“Un portafolio moderado como este en lo que va del siglo ha pagado más o menos 15% de rendimiento cada año, con sus años buenos y malos. Si dividimos 72 entre 15, tenemos que habrías duplicado tu dinero cada 4.8 años; a eso démosle un horizonte de 10, 20, 30, 40 años. Con un escenario así, un universitario podría empezar a ahorrar e invertir prácticamente lo que se gasta en unas papas, unas galletas y un refresco (cerca de 50 pesos) y, en su último día de trabajo, retirarse con varios millones en el bolsillo, aportando cada mes el dinero que se gasta en la tiendita”, advierte el especialista en inversiones.

¡Pero yo ya dejé de ser universitario(a) hace mucho!

Está bien, está bien, yo pensé lo mismo que tú.

Por eso hicimos el ejercicio con base en mi edad: 36 años. Si eres mi contemporáneo o rondas esas décadas, pon atención.

Para jubilarme me faltan 29 años, si procuro tener un portafolio de inversión como el que vimos arriba, estaría obteniendo una tasa de interés de 15% anual.

Ahora bien, si yo invirtiera 1,500 pesos y siguiera aportando cada mes 50 pesos (lo de las papitas, las galletas y el refresco) reuniría 523,500 pesos después de 29 años. Nada mal, eh.

No obstante, lo que generaría por interés compuesto esa cantidad sería nada menos que 6 millones 891 mil 753 pesos. Por lo tanto, eso significaría que el total de mi capital inicial más el rendimiento me permitirían tener 7 millones 415 mil 253 pesos en el banco para cuando sea una cabecita blanca.

Definitivamente esto me recuerda que la verdad quiero irme a hospedar a un hotel cool y pasar ahí varias semanas siendo la envidia de los jóvenes del futuro.

¿Y todo eso, cortesía de lo que me habría gastado en un “chesco” y unas papitas? He ahí el poder de gastar el dinero en lo que realmente vale.

Consejos para empezar ahora que sabes esto

Una vez que tenemos claro el horizonte de posibilidades, lo recomendable es acercarnos a especialistas e instituciones 100% confiables para poner a trabajar nuestro dinero.

“Hoy en México hay varias opciones que te permiten invertir con cantidades muy pequeñas, hay intermediarios en el mercado de valores mexicano o la casa de bolsa donde puedes abrir una cuenta de inversión con 100 pesos y hay contratos que te permiten acceder a comprar fondos de inversión, bonos, acciones, entre otros. Literalmente puedes comprar acciones de lo que tú me digas en México y en el mundo con lo que te cuesta una cerveza en el estadio azteca (119 pesos)”, finaliza el especialista.

El primer paso para llegar a la meta es involucrarte. Todos le tememos a lo desconocido, la cuestión es si es más fuerte el temor o las ganas de lograr algo grande. Además, preguntando se llega a Roma.

Y un último tip para vencer la manía por los resultados exprés: revisa las historias de quienes se han hecho millonarios de la noche a la mañana, tal vez sean mentira, fraudes, películas o simplemente hechos aislados…

En su lugar, echa un vistazo a las historias de éxito de personas a las que les fue muy bien siendo constantes, disciplinadas, que invirtieron tiempo en estudiar sobre finanzas personales e inversiones. ¡Ahí sí que vas a encontrar muchos ejemplos y no hay duda de que podrás unirte a la lista si te lo propones!

CON INFORMACIÓN DE FORBES

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