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¿Por qué nos besamos? La ciencia parece haber encontrado el origen de este enigma evolutivo

  • octubre 30, 2024
  • 3 min read
¿Por qué nos besamos? La ciencia parece haber encontrado el origen de este enigma evolutivo

A lo largo de las últimas décadas, se han postulado muchas teorías al respecto. Sin embargo, la que más cobra fuerza es que los besos tienen su origen en los primates

El origen del beso, un gesto que ha simbolizado afecto y vínculo social durante milenios, podría estar vinculado a una práctica habitual entre los primates. Un estudio de la Universidad de Warwick sugiere que esta forma de expresar cariño entre humanos tiene raíces evolutivas similares a ciertos rituales llevados a cabo entre chimpancés y bonobos. Unos comportamientos que, cuando han sido observados, han tenido la finalidad de mantener la cohesión social en sus grupos.

La investigación, desarrollada por científicos de la Universidad de Warwick (Reino Unido) y que ha sido dirigida por el Dr. Adriano R. Lameira, relaciona el acto de besar con el gesto del acicalamiento en los simios, el cual no solo tiene una función higiénica. Además, cumple con el cometido de reforzar las relaciones entre los individuos. Puede consultarse en la revista Evolutionary Anthropology.

Al final de estas interacciones, se observó un gesto que puede recordar al beso, en el que los primates colocan los labios sobre el cuerpo del otro y realizan una ligera succión. Este comportamiento, conocido como la «hipótesis del beso final del acicalador» o “del beso del peluquero”, parece haber sido un precursor del beso en nuestra especie.

Un acto cultural, pero no universal

Pese a su aparente universalidad, el beso como muestra de afecto no es común en todos los lugares del mundo. Según un estudio de 2015 que analizó 168 culturas, solo el 46% de ellas practica el beso en un contexto romántico. En algunas, esta práctica resulta incluso desagradable, lo que sugiere que, aunque el beso tenga un origen evolutivo, su relevancia social y simbólica ha variado considerablemente con el desarrollo de las sociedades.

La hipótesis plantea que los besos mutuos boca a boca en los humanos derivaron de estas conductas de acicalamiento en los grandes simios. Evidentemente, conforme perdimos el pelaje, la necesidad de realizar esta tarea higiénica perdió relevancia. Sin embargo, debido a la alta sensibilidad que tenemos en los labios y la boca, el acto de besar habría sido preservado por los efectos placenteros que genera, convirtiéndose así en una práctica recurrente en los vínculos afectivos humanos.

Vía El Confidencial

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