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Según el experto en longevidad Dan Buettner, contar con un mínimo de tres amigos cercanos, con los que se comparta risa y apoyo mutuo, podría aumentar la esperanza de vida en unos ocho años.

  • diciembre 12, 2025
  • 7 min read
Según el experto en longevidad Dan Buettner, contar con un mínimo de tres amigos cercanos, con los que se comparta risa y apoyo mutuo, podría aumentar la esperanza de vida en unos ocho años.

El autor de El secreto de las Zonas Azules, esos lugares donde viven más personas centenarias, insiste en subrayar la importancia de la interacción social para tener una vida más larga: «Nuestra especie evolucionó cooperando entre sí».

Hace poco, un reportaje de Juanjo Villalba para El Diario, ponía de manifiesto una tendencia que ha despertado el interés de mucha gente en redes sociales. Se trata de la cultura de quedar para ponerse al día con amigos y por qué ya no se comparte la vida, sino que se resume. El asunto ha despertado cierta preocupación social, porque muchas personas se sienten identificadas con el hecho de que sus relaciones, especialmente de amistad, han pasado a ser una tarea más que agendar en su día a día. Es decir, la sociabilidad del ser humano, una predisposición y capacidad innata para interaccionar, en la era de la hiperproductividad ha dejado de ser espontánea al llegar a la edad adulta. O al menos eso parece que le ocurre a mucha gente.

Los mayores expertos en felicidad del mundo como el psiquiatra Robert Waldinger (director del mayor estudio de felicidad realizado hasta la fecha) o el profesor de Harvard Arthur Brooks señalan las relaciones sociales como el de mayor alcance sobre nuestro bienestar. De la misma manera, Dan Buettner, autor de El secreto de las Zonas Azules, libro en el que documenta el estilo de vida de las zonas del planeta donde mayor cantidad de personas centenarias viven, explica que la interacción social también es clave en la longevidad. Ahora bien, nunca concebido como un asunto «obligatorio». De hecho, si la interacción social es clave en el bienestar humano es, precisamente, porque se trata de un elemento instintivo, natural, impulsivo, sencillo. En definitiva, no programado.

En busca de la interacción social espontanea

Después de 20 años estudiando lo que hacen las personas que más tiempo viven a lo largo y ancho de todo el planeta, Dan Buettner ha concluido que la clave no es tanto copiar sus costumbres a toda costa, sin tener en cuenta que al trasladar los modelos puede haber errores de implantación. Se trata, más bien, de naturalizar sus costumbres, lo cual resulta bastante complicado a la luz de los obstáculos que nos hemos ido inventando en la vida occidental moderna.

Para aprender a convertir en espontáneas las actividades que favorecen la longevidad, como una dieta saludable o el movimiento diario, tenemos que olvidarnos de muchos inventos que hemos creado, como las escaleras mecánicas, el ascensor o los productos ultraprocesados. ¿Cómo hacemos para volver a naturalizar la interacción social? Buena pregunta. Las redes sociales, que en origen llegaron para facilitar la comunicación a distancia, ahora son más un alimento del ego que de la interacción de calidad. ¿Cuántas veces llamas a tu amigo/a, hermano/a (etc) para ver qué tal su día ? ¿Y cuántos likes pones a sus publicaciones en redes sociales? Hemos dejado de pararnos al cruzarnos por la calle para charlar un ratito porque siempre encontramos algo más urgente a lo que dedicar nuestras pocas horas libres. Normal que las relaciones sociales se hayan deteriorado, no les dedicamos el tiempo ni la atención que merecen. ¿Será que eso también ha frenado la curva al alza de la longevidad?

Conexión social de calidad para vivir más

«Nuestra especie evolucionó cooperando entre sí. Y, por regla general, las cosas que favorecen nuestra supervivencia también nos resultan agradables, como comer cuando tenemos hambre o tener relaciones sexuales. Lo mismo ocurre con la interacción social. Necesitamos la interacción social», explica Dan Buettner en su última publicación en redes sociales (paradójicamente). Pero no vale cualquier tipo de interacción, ni se trata de tener cuantas más, mejor. Por ejemplo, tener un séquito de seguidores en las redes sociales con los que interaccionar no va a hacer que vivas más. De hecho, es muy probable que no calme tu sensación de soledad porque ese tipo de relaciones no son de calidad. Ese es el matiz diferenciador, la calidad de las relaciones.

«Sabemos que las personas que se sienten solas, que no tienen una interacción social regular, o al menos no sienten que la tienen, mueren unos ocho años antes que las personas que tienen al menos dos o tres amigos en los que pueden confiar», añade el experto en longevidad. El mensaje puede percibirse como apocalíptico cuando tu estilo de vida no te permite estar cerca de quienes más quieres. Pero ojo, que no todo es culpa de los algoritmos y las aplicaciones que nos absorben. Tenemos mucha responsabilidad (por no decir toda) sobre nuestro bienestar. Aunque estés a miles de kilómetros de distancia de tu gente, siempre puedes cultivar el vínculo con ella, aunque no sea a diario. Y en tu rutina puedes incluir otras formas de interacción de calidad que te sumen años de vida. La cuestión es no sentirte en soledad. «Una de las mejores estrategias para vivir más tiempo si te sientes solo es llamar proactivamente a un amigo, ir a un lugar donde sea probable que conozcas gente nueva o hacer un voluntariado», aconseja Dan Buettner a sabiendas de que eso no te va a reportar mayor solvencia económica, pero probablemente si mejor calidad de vida.

el poder de la amistad cuidada

En Okinawa, explica el autor estadounidense, existe una palabra para definir una relación de amistad mutua, moai. Con ello, el experto no infravalora el resto de interacciones sociales, pero si que pone todos sus esfuerzos en dar relevancia a la calidad de las relaciones ya que lo importante no es verse o hablar mucho, sino procurar que el tiempo que dedicas a las personas que te importan sea de calidad. «Tener al menos tres amigos con los que puedas reírte y que se preocupen por ti en los días malos vale aproximadamente ocho años más de esperanza de vida», explica Dan Buettner.

Ahora, a sus 65 años, el experto en longevidad no come procesados y ha dejado de participar en carreras de ciclismo para caminar más y hacer recados en bicicleta (lo que pone en valor el NEAT por encima del ejercicio como competición). Por supuesto, también pasa varias horas al día socializando. En edad de jubilación y con cierta garantía económica de fondo, es mucho más fácil hacerlo. Si. Pero la cuestión con la que te interesa quedarte es con intentar no sentirte en soledad por haber dejado a la cola de tus tareas la importancia de cuidar tus relaciones.

Es cierto, estamos inmersos en un sistema que no nos deja mucho margen de tiempo para asuntos ociosos, como una charla sin prisas con tus amistades. Pero ese mismo sistema lo hemos ideado y formalizado nosotros y, si hacemos un mínimo de análisis, seguro que nos damos cuenta de que otorgamos prioridad (y tiempo) a otros asuntos que no son tan vitales. Quizá el verdadero secreto de vivir más no esté en añadir años a la vida, sino en volver a llenar de vida (y de amigos) los años que ya tenemos entre las manos.

Vía Telva

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