DE HUECOS A DESCUBRIMIENTOS
Para entender si la tabla periódica está completa, hay que echar un vistazo a su origen. En 1869, el químico ruso Dmitri Mendeléyev organizó los elementos conocidos en su época según su peso atómico (hoy usamos otro criterio, pero su idea básica sigue siendo válida). Lo interesante es que Mendeléyev dejó huecos en su tabla, prediciendo que había elementos que aún no se habían descubierto. Y acertó.
Con el tiempo, científicos fueron llenando esos huecos: el galio (Ga), el germanio (Ge) y el escandio (Sc), entre otros, se descubrieron después y encajaron perfectamente donde Mendeléyev los había anticipado. Fue un gran triunfo para la ciencia, pero también marcó el inicio de una aventura que aún no ha terminado.
La tabla periódica moderna ya no tiene esos huecos evidentes, pero eso no significa que esté completa. De hecho, en las últimas décadas se han añadido nuevos elementos. ¿Sabías que los elementos más recientes, como el oganesón (Og, número 118), se descubrieron hace apenas unos años? Estos «nuevos inquilinos» son tan raros y difíciles de producir que muchas veces duran menos de un segundo antes de desintegrarse.
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¿POR QUÉ SEGUIMOS BUSCANDO?
Entonces, si ya tenemos una tabla sin huecos visibles, ¿por qué los científicos siguen investigando? La respuesta está en los números. Cada elemento tiene un número atómico, que indica cuántos protones tiene su núcleo. Por ejemplo, el hidrógeno tiene el número 1, el helio el 2, y así sucesivamente. El último elemento oficial, el oganesón, tiene el número 118. Pero, ¿y si hay elementos con 119, 120 o más protones?
Los científicos creen que, en teoría, podrían existir elementos más pesados que los que conocemos actualmente. Esto se debe a algo llamado «isla de estabilidad«. Aunque los elementos superpesados son muy inestables y se desintegran rápidamente, se piensa que algunos con números más altos podrían ser más estables, al menos durante un tiempo suficiente para estudiarlos.