Hito en Suiza: La carga inalámbrica ya es tan eficiente como el cable, alcanzando el 90 % de rendimiento.

La carga inductiva en coches eléctricos ya no es ciencia ficción. Un reciente proyecto piloto confirma que su eficiencia se acerca mucho a la del cable y abre nuevas formas de recargar sin enchufes.
Durante años, la carga inductiva de coches eléctricos ha sido vista como una promesa muy atractiva, pero poco realista. La idea de recargar un vehículo sin cables, simplemente aparcándolo sobre una superficie específica es muy cómoda, aunque su mayor hándicap es la ineficiencia frente a la carga tradicional, que obliga a largos periodos de espera.
Sin embargo, los últimos avances tecnológicos y los datos obtenidos en pruebas reales están cambiando esa percepción. Hoy, la carga inalámbrica ya no es un experimento de laboratorio, sino una tecnología con cifras concretas que empieza a competir en eficiencia con los sistemas convencionales.
Así funciona la carga inalámbrica
El principio de funcionamiento es relativamente sencillo. La carga inductiva se basa en la transferencia de energía mediante campos electromagnéticos entre dos bobinas: una emisora instalada en el suelo y otra receptora integrada en el vehículo. Ambas trabajan a la misma frecuencia para maximizar la transferencia energética, sin necesidad de contacto físico. Este sistema elimina enchufes, conectores expuestos y maniobras manuales, lo que supone una ventaja clara en términos de comodidad y automatización.
La gran duda siempre ha sido la eficiencia energética. En la carga por cable, especialmente en corriente alterna doméstica o en puntos públicos de baja y media potencia, las pérdidas son reducidas. En condiciones normales, la eficiencia total se sitúa entre el 94 % y el 98 %, dependiendo del cargador, la electrónica del vehículo y la red eléctrica. Durante mucho tiempo, la carga inductiva se quedaba claramente por debajo de esas cifras, lo que limitaba su viabilidad práctica.

Esa brecha se ha reducido de forma significativa. Investigaciones recientes realizadas en Europa, entre ellas las del centro suizo EMPA (Laboratorio Federal Suizo de Ciencia y Tecnología de Materiales), han demostrado que los sistemas inductivos modernos pueden alcanzar eficiencias cercanas al 90 % en condiciones reales. No se trata de pruebas ideales, sino de ensayos con vehículos reales, ligeras desalineaciones, variaciones climáticas y uso cotidiano. El resultado es clave: la diferencia frente al cable existe, pero ya no es determinante.
En términos prácticos, esa pérdida adicional de energía es comparable a la que se produce en muchos procesos habituales de recarga. A cambio, la carga inductiva ofrece ventajas operativas claras.
El sistema puede activarse de forma automática al estacionar, reduce el desgaste mecánico, evita problemas por suciedad o vandalismo en conectores y facilita la recarga a personas con movilidad reducida. En entornos urbanos, donde el coche pasa muchas horas aparcado, esta simplicidad puede marcar la diferencia.








