En un contexto de tensión creciente con Rusia por la guerra en Ucrania, Alemania ha prometido construir el ejército más fuerte de Europa, y para ello necesita a los jóvenes. El canciller, Friedrich Merz, subrayó la semana pasada que la paz y la libertad “no son gratis” y que la defensa es una tarea que incumbe a toda la sociedad.
En esta primera fase la nueva mili alemana es voluntaria. Pero, si se presentan muy pocos voluntarios, el proyecto de ley prevé que se pueda reactivar el servicio militar obligatorio suspendido en 2011. Para ello, no obstante, se requeriría un nuevo decreto del Gobierno y la aprobación parlamentaria. Para evitar llegar hasta ese punto, se intenta incentivar a los jóvenes con un sueldo mensual de al menos 2.600 euros brutos.
Pero para este grupo de amigos el sueldo no es una motivación. “No me importa cuánto dinero me ofrezcan, siempre estaré en contra. No se puede promocionar la guerra. Simplemente, es moralmente incorrecto”, critica Khanukaev. “¿Qué vas a hacer con el dinero si, por ejemplo, en caso de guerra, mueres? Por suerte, ahora mismo no estamos en guerra, pero, si se pide que la gente se aliste más, da la sensación de que se avecina una guerra y de que nos esperan tiempos difíciles. Y eso da un poco de miedo”, reflexiona Brussig.
Carrillo cree que la mili se promociona “como una salida para que las personas más pobres se alisten”, algo que no le parece bien. “Si la estrategia consiste en atraer a personas de entornos más pobres para que vayan al frente, me parece muy mezquino e irresponsable”, coincide Khanukaev.
El objetivo del Gobierno es que el número de soldados en activo aumente hasta, al menos, 255.000 en 2035, desde los casi 183.000 actuales; y que el número de reservistas pase de los 100.000 actuales a 200.000.
“Creo que la mayoría de los jóvenes está en contra de que unos políticos de 60 años decidan por ellos. Por eso creo que es importante hacer huelgas”, indica Plath. Brussig lamenta que los políticos les vean “más bien como pequeñas piezas de ajedrez”, y afirma que, en caso de ser llamado a filas y no poder hacer el servicio civil, ya ha hablado incluso con su familia sobre salir del país. Carrillo, sin embargo, lo haría si le obligaran: “Personalmente, no estoy tan en contra del servicio militar obligatorio. Creo que también tiene su sentido”.
El servicio militar también ha abierto otro debate en las familias de origen extranjero. Según los datos de la oficina de estadística, en 2022 (año del último censo) vivían en Alemania cerca de 341.000 hombres con pasaporte alemán nacidos en 2008. De ellos, alrededor de una sexta parte tenían, además, otra o varias nacionalidades más.
En el caso de Khanukaev, él tiene, junto a la alemana (nació en Berlín), la israelí, por parte de su padre ruso-israelí, y la española, por parte de su madre. Habla ruso, catalán, español, alemán e inglés. Pero afirma no sentirse ni de un país ni de otro. “Creo que identificarse de forma general es una tontería. Al fin y al cabo, son solo fronteras imaginarias que se establecen y que, en cierto modo, nos limitan. Por eso, aunque me sintiera alemán, no creo que me inclinara más por el servicio militar. Una cosa no tiene nada que ver con la otra”, subraya.
En el caso de Carrillo, como sus padres no llevaban el tiempo suficiente en Alemania cuando nació, no tiene la nacionalidad, aunque la puede solicitar. Su hermana pequeña sí es alemana. De hecho, es la única alemana de la familia. Él tiene la sueca, por parte de su madre, y la española, por parte de su padre. Habla alemán, sueco, español, catalán e inglés. “He reflexionado sobre cómo me siento realmente, porque vengo de una familia muy europea, pero me considero alemán”, explica. Quiere obtener la nacionalidad, aunque eso implique tener que hacer el servicio militar: “Tiene que ver con cómo me siento”, insiste.
Su madre, Kristina Svensson, reconoce estar preocupada. “A mí la nacionalidad no me importa. Me da igual que sea sueco, español o alemán. Pero sabiendo que teniendo el pasaporte alemán tiene que entrar en todo este proceso me parece que no es necesario”, afirma. “Le dije que esperara porque la situación es inestable en Europa y en el mundo. Puede tener su identidad alemana sin necesidad de tener el pasaporte”. Pero él lo tiene claro: “No puedo esperar eternamente. Siempre puede pasar algo”.
El aumento del gasto en defensa preocupa entre los jóvenes. A Khanukaev le inquieta que se destine tanto dinero al rearme y Plath señala que no se puede olvidar que Alemania es uno de los principales proveedores de armas, por lo que ya están “muy involucrados”. “Alemania se está armando para estar preparada para una guerra. Solo en los próximos cinco o seis años se podrá decir con claridad si habrá una guerra en un futuro próximo”, augura Brussig.
El servicio militar también ha abierto otro debate en las familias de origen extranjero. Según los datos de la oficina de estadística, en 2022 (año del último censo) vivían en Alemania cerca de 341.000 hombres con pasaporte alemán nacidos en 2008. De ellos, alrededor de una sexta parte tenían, además, otra o varias nacionalidades más.
En el caso de Khanukaev, él tiene, junto a la alemana (nació en Berlín), la israelí, por parte de su padre ruso-israelí, y la española, por parte de su madre. Habla ruso, catalán, español, alemán e inglés. Pero afirma no sentirse ni de un país ni de otro. “Creo que identificarse de forma general es una tontería. Al fin y al cabo, son solo fronteras imaginarias que se establecen y que, en cierto modo, nos limitan. Por eso, aunque me sintiera alemán, no creo que me inclinara más por el servicio militar. Una cosa no tiene nada que ver con la otra”, subraya.
En el caso de Carrillo, como sus padres no llevaban el tiempo suficiente en Alemania cuando nació, no tiene la nacionalidad, aunque la puede solicitar. Su hermana pequeña sí es alemana. De hecho, es la única alemana de la familia. Él tiene la sueca, por parte de su madre, y la española, por parte de su padre. Habla alemán, sueco, español, catalán e inglés. “He reflexionado sobre cómo me siento realmente, porque vengo de una familia muy europea, pero me considero alemán”, explica. Quiere obtener la nacionalidad, aunque eso implique tener que hacer el servicio militar: “Tiene que ver con cómo me siento”, insiste.
Su madre, Kristina Svensson, reconoce estar preocupada. “A mí la nacionalidad no me importa. Me da igual que sea sueco, español o alemán. Pero sabiendo que teniendo el pasaporte alemán tiene que entrar en todo este proceso me parece que no es necesario”, afirma. “Le dije que esperara porque la situación es inestable en Europa y en el mundo. Puede tener su identidad alemana sin necesidad de tener el pasaporte”. Pero él lo tiene claro: “No puedo esperar eternamente. Siempre puede pasar algo”.
Vía El País