¿Por qué Mark Zuckerberg va a cambiarle el nombre a Facebook?

Los últimos acontecimientos han marcado un punto de inflexión para Facebook. La compañía de Mark Zuckerberg está dispuesta a hacer borrón y cuenta nueva bajo una nomenclatura distinta, la cual se anunciaría el próximo 28 de octubre en el marco de la retransmisión anual ‘Connect’.


Según el medio especializado The Vergeel ‘rebranding’ no afectaría a la red social propiamente dicha, sino al conjunto de la empresa. Así, Facebook permanecería como producto independiente junto a WhatsApp o Instagram, bajo el seno de un ente que podría apodarse ‘Horizon’ u ‘Horizon Worlds’. Algo similar a lo acontecido con Google, que acabó convirtiéndose en división del gigante Alphabet.

El objetivo último de Zuckerberg es lo que ha venido a denominarse el ‘metaverso’, un espacio a medio camino entre la realidad virtual y aumentada donde confluyan todas las plataformas sociales y de mensajería atesoradas por la firma. No en vano, el directivo piensa contratar a más de 10.000 empleados en Europa para trabajar en esta dirección, lo que supondrá el lanzamiento de dispositivos como gafas de realidad aumentada que nos permitan chatear por WhatsApp, actualizar nuestro estado en Facebook o consultar las últimas publicaciones de Instagram. A éstos se sumarían los esfuerzos de Oculus, segmento de realidad virtual que ha conseguido imponerse gracias a Quest 2, un casco inalámbrico a precio comedido con el que numerosos usuarios han dado el salto a esta categoría de producto.

Otra muestra más de la importancia que la realidad virtual (RV) y aumentada (RA) tienen para el futuro de Facebook es el nombramiento de Andrew Bosworth como cabecilla de tecnología de la corporación. Hablamos del antiguo responsable de RA y VR, tecnologías que Zuckerberg considera el siguiente gran hito tecnológico tras la irrupción de los smartphones: « Nuestro metaverso jugará un papel determinante en la evolución de Internet, como lo hizo en su momento el Internet móvil», explicó a The Verge el pasado verano.

Más allá de los ambiciosos planes de Zuckerberg, la necesidad de desvincularse de ‘Facebook’ como nomenclatura radica en una de las mayores crisis de reputación que se hayan visto en el sector tecnológico.

No es sólo que la red social de azul lleve más de un lustro perdiendo usuarios a mansalva (los más jóvenes la consideran todo un ‘cementerio de elefantes’, poblado por familiares con los que les espanta interactuar); también ha perdido cualquier ápice de confianza por parte de quienes quedan.

Las primeras preocupaciones en cuanto a la falta de privacidad y seguridad en Facebook se remontan a marzo de 2018, cuando los datos de 87 millones de usuarios fueron recopilados por la firma británica Cambridge Analytica para su venta al mejor postor. Los perfiles psicográficos resultantes permitieron así amoldar campañas electorales a la población más indecisa, lo que influyó en la intención de voto. El asunto se saldó con una multa de 5.000 millones de dólares a Facebook, mientras Zuckerberg hacía lo imposible por no palidecer ante las cámaras en su comparecencia frente al Congreso estadounidense.

Numerosas brechas de seguridad posteriores y las dudas de la Unión Europea respecto a la confluencia de Facebook, WhatsApp e Instagram (que podía llegar a suponer la circulación indiscriminada de datos personales) han lastrado los últimos años de este monstruo de las redes sociales. Máxime después de que una de sus ex empleadas ( Frances Haugen, gestora de productos para el equipo de desinformación cívica de Facebook) filtrase a The Wall Street Journal una inquietante investigación interna: los de Zuckerberg eran conscientes de que Instagram, su producto estrella, resultaba perjudicial para la salud mental de los adolescentes, algo ante lo que no se tomaron medidas. Haugen también denunció la falta de moderación para con determinados usuarios de estas redes sociales y la polarización social resultante de cambios acometidos en sus algoritmos de contenido, algo que según ésta jugó un papel determinante en el asalto al Capitolio del pasado enero.

Las declaraciones de Haugen coinciden con el cese de otro de los proyectos recientes de Facebook, una versión de Instagram para menores de 13 años que había sido harto criticada por padres, terapeutas y educadores. Sumémosle a la ecuación la sonada caída mundial de Facebook, WhatsApp e Instagram de comienzos de mes y entenderemos la necesidad de convertir a Facebook en la parte de un todo; de marginarlo hasta que se convierta, únicamente, en el nombre de aquella red social del internet primigenio a la que tuvieron que dejar hundirse en el fango del descrédito.

VÍA EL CORREO

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