¿Alguna vez te has preguntado por qué las botellas de vino tienen una capacidad de 750 ml? ¿A ti no te faltan 250 ml en cada botella? ¿Dónde está el resto?
La capacidad de las botellas de vino se normalizó durante el siglo XIX, surgiendo algunas explicaciones y teorías bastante absurdas para justificar este hecho.
Algunas dicen que durante la Edad Media en Italia se eligió esa capacidad porque es la medida la ideal para el consumo de dos personas, otras afirman que es la medida idónea para conservar el vino, otras cuentan que fue debido a la capacidad pulmonar de los artesanos vidrieros…
Sin embargo, en realidad, la explicación para adoptar esta capacidad es mucho menos complicada y está relacionada con los principales clientes de los productores de vino franceses de aquella época: los ingleses.
En la Europa medieval, los mejores clientes de los viñedos de Francia eran los ingleses, que tenían un sistema de medida completamente diferente al del país galo. La unidad de volumen de los británicos era el «galón», equivalente a 4.55 litros actuales.
Para simplificar la conversión a la hora de hacer las cuentas con sus clientes, los franceses comenzaron a transportar el vino en barriles de 225 litros, equivalentes a 50 galones y que se correspondían con 300 botellas de 750 ml.
Con el tiempo la costumbre acabó calando en todos los productores, adoptándose que un barril de vino fuera siempre de 50 galones, 300 botellas.
De esta manera, un galón equivalía 6 botellas, por eso las cajas de vino suelen contener 6 o 12 botellas, ya que era más fácil dividir cada barril en 50 cajas de 6 botellas o en 25 cajas de 12 botellas. Así, calcular los precios, las botellas o los barriles era mucho más sencillo
La primera fábrica de botellas de vidrio en serie se fundó en la ciudad inglesa de Bristol, en 1821. En 1975, la Comunidad Económica Europea estableció que el formato estándar en el que se podía envasar vino para capacidades inferiores un litro, era el de 750 ml.
En la actualidad, existen varios tamaños de botellas de vino diferentes que reciben nombre bíblicos, hebreos y judíos, según su capacidad, pero, ¿sabes por qué se bautizan de esta manera? Esta costumbre proviene de Francia.
Resulta que allí decidieron dar el nombre de Jeroboam, el primer monarca del Reino de Israel, hijo y sucesor del legendario rey Salomón, a una botella de gran tamaño (3 litros) ¿Por qué? Porque querían ligar el vino con la historia y el nombre de estos reconocidos personajes.
Y así comenzó a hacerse con todas la botellas, incluso las pequeñas: Benjamín (18,7 centilitros), Matusalén (6 litros), Salmanasar (casi 9 litros), Baltasar (12 litros), Nabucodonosor (15 litros), Melchor (18 litros)…
Los que saben de esto dicen que el mejor formato es el conocido como «formato Magnum», que tiene una capacidad de 1,5 litros, ya que conserva inmejorablemente el vino. ¿Y por qué los entendidos dicen esto?
Porque afirman que, al tener la misma cantidad de oxígeno, se genera menos oxidación, lo que permite que el líquido envejezca más lentamente y de manera más armoniosa…
Con información de Iván Fernández







